Mindfulness - Katia Guzman
Mindfulness

Atención Consciente

Los psicólogos de cada vez más trabajamos la técnica de mindfulness o atención plena. Dicho concepto plantea, por tanto, un empeño en centrarse en el momento presente de forma activa y reflexiva.

Una opción por vivir lo que acontece en el momento actual, el aquí y el ahora, frente al vivir en la irrealidad, el soñar despierto, que también es uno de los problemas frecuentes en las terapias de psicología.

El psicólogo o terapeuta tiene como referencia la meditación para llevar a cabo la técnica de mindfulness. En mi caso en particular, tanto en las sesiones de psicología en Palma de Mallorca o en las sesiones online, lo combino con otras técnicas cognitivas ligadas a las técnicas de control fisiológico: la relajación y el biofeedback.

Desde el punto de vista psicológico, podemos decir que esta práctica permite implicarse en distintas actividades habituales, sean éstas problemáticas o no. Se puede considerar, por tanto, como una habilidad que permite no sólo un punto de vista distinto sino que implica también conductas concretas. Siendo precisos, no se puede decir estrictamente que su planteamiento sea novedoso. No obstante, al ponerla en práctica sus elementos esenciales y su grado de innovación han demostrado mejoras en la salud psicológica de los pacientes que asisten a las consultas.

Somos más lo psicólogos que nos damos cuenta de la importancia que tienes ceñirse en el momento presente. Ésta es una característica que ha sido definitoria del análisis funcional de la conducta y en consecuencia de la modificación de conducta. Sin embargo, centrarse en el momento presente tiene en el mindfulness un sentido distinto. Se trata de centrarse y sentir las cosas tal y como suceden, sin buscar su control. No se centra en un pensamiento para cambiarlo por uno positivo. La de aceptar las experiencias y sensaciones tal y como se dan. Podría decirse que, de modo similar a como operan las técnicas de exposición, se le pide a la persona que permanezca en una determinada situación sintiendo lo que allí suceda. Esta actitud permite que lo que ha de suceder o sentir acontezca de un modo completo. El vivir lo que está sucediendo en el momento supone dejar que cada experiencia sea vivida en su momento.

En las consultas de psicología les enseño a mis pacientes la relevancia de no perder la experiencia presente en su sustitución por lo que tendría que suceder o lo que sucedió y se vivió.

Todo ello permite poner por delante los aspectos emocionales y estimulares frente a la interpretación de ellos. La fuerza del lenguaje, del pensamiento, para tamizar y vestir lo que se ve y lo que se siente es evidente. Esta influencia es tal que frecuentemente lo verbal sustituye a lo real, homogenizando, uniformando y conformando la experiencia abierta a marcos predefinidos y estereotipados. Esto supone, ante todo, una falsificación de la experiencia y la pérdida de la riqueza que supone la variabilidad de los fenómenos perceptivos y emocionales. La persona que contempla un cuadro sólo es capaz de percibir (sentir) en la medida en que es capaz de mantenerse abierto a las cosas que le sugiere dicho cuadro. Esta observación debe guiarse, en lo principal, por ella misma, dejando que unas sensaciones lleven a otras de modo natural. Las interferencias verbales (prejuicios), o el «estar en otro sitio», sólo contribuyen a adulterar la experiencia. Cómo psicóloga, considero que otro punto esencial del mindfulness consiste en la aceptación radical, no valorativa, de la experiencia. Se trata de centrarse en el momento actual sin hacer ningún tipo de valoración y aceptando la experiencia como tal. Esto tiene un elemento de originalidad frente al proceder habitual en psicología. Lo positivo y negativo, lo perfecto e imperfecto en sus diversos grados son aceptados como experiencias naturales, normales. Obviamente resulta más grato experimentar algo positivo, pero se acepta como igualmente natural la vivencia de lo desagradable. Se trata, como se ha comentado anteriormente, de aceptar las experiencias, y las reacciones a ellas, como naturales, normales. El esfuerzo por no valorarlas y aceptarlas permite no rechazarlas: el malestar, el enfado, la contrariedad no es algo de lo que se haya de huir, sino que forman parte de una experiencia humana que es preciso vivir. Esto contradice en gran medida ciertos tipos de mensajes que se transmiten socialmente, e incluso desde otras variantes del ejercicio profesional de la propia psicología: el malestar es negativo, debe reducirse la ansiedad, controlar el estrés, reducir los pensamientos negativos, etc.

“La única manera de controlar tus emociones, es fluyendo con ellas”

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